Red flags a las que estar atento en tu escuela de equitación

La equitación, con todos sus beneficios y aportes, es un deporte complejo. No solo por su práctica, que está llena de rtos, sino por su naturaleza híbrida: a menudo, el bienestar del caballo y sus necesidades entran en conflicto con nuestros objetivos deportivos. Si bien armonizar nuestra seguridad con la suya se convierte en un reto, debemos procurar siempre alcanzar el equilibrio más justo. Este escenario se acentúa aún más cuanod nos referimos a las escuelas de equitación; aquí, el debate no solo abaerca los objetivos de los alumnos y el bienestar animal, sino también la rentabilidad del negocio.

Desde Ethos Equus, sabemos que no podemos crear el espacio ideal con un mero chasquido de dedos, aunque confiamos en que el trabajo, el esfuerzo y el tiempo nos permitirán ofrecer algo muy cercano a ese ideal. Nuestra meta es, al menos, aportaros las herramientas adecuadas para tomas las decisiones çoptimas, tanto para el jinete como para el animal.

Escoger una escuela de equitación no es fácil, y por ello hoy os queremos plantear las principales banderas rojas a las que estar atentos a la hora de tomar esta decisión.

El material de los caballos es intercambiable y no atiende a sus necesidades particulares.

    Como los caballos osn atletas, requieren de atenciones especializadas. Esto quiere decir que deben ser atendidos periódicamente por diferentes profesionales para asegurar un estado de salud óptimo. Los servicios esenciales son:

    1. Dentista. Es fundamental revisar la boca del caballo para asegurar que no existan dientes de lobo, picos o patologías que le causen dolor. Un mal estado bucodental puede derivar en compensaciones musculares y cojeras con más facilidad de la que solemos considerar.
    2. Podólogo o herrador. El recorte o herraje periódico es vital, ya que un mal cuidado de los cascos puede lesionar al animal de manera permanente y provocarle un gran malestar diario. No se trata solo de recortar o cambiar herraduras, sino de garantizar que la salud y la calidad del casco sean las adecuadas. Esto depende de factores como el suelo, el movimiento y la nutrición, por lo que una supervisión constante permite identificar otras problemáticas de salud.
    3. Fisioterapia. Aunque no siempre sea una necesidad inmediata, es muy recomendable contar con visitas periódicas de un fisioterapeuta especializado. La monta es exigente para el jinete, pero también para el caballo: le pedimos que cargue peso sobre su columna y dorso mientras realiza diversos ejercicios físicos. Lo mínimo que podemos ofrecerle es un seguimiento que asegure que su musculatura está sana y libre de dolor.
    4. Veterinario. Es el servicio más evidente y, sin embargo, en ocasiones el más descuidado. Una revisión veterinaria anual, incluso ante la ausencia de patologías visibles, es fundamental para la medicina preventiva.

    Encontrar caballos de deporte que cumplan con las citas de todos estos profesionales no es sencillo, pero en el caso de los caballos de escuela, es una realidad casi inexistente. Suelen ser los grandes olvidados por carecer de rentabilidad deportiva, cuando en realidad son quienes más ofrecen y más carga de trabajo soportan. Asegurar su bienestar es responsabilidad absoluta de la escuela de equitación; si no se garantizan estos servicios, el centro no se está haciendo cargo de sus animales de manera ética y responsable.

    Caballos trabajando en condiciones físicas mediocres o pésimas

    Cada vez más, tanto el espectador como el propietario son más críticos al juzgar la condición física de los caballos. Este avance, impulsado por la divulgación y el respaldo científico, no parece haber llegado aún a todas las escuelas. El cliente promedio suele carecer de las herramientas para identificar el estado óptimo del animal, por lo que es fácil dejarse guiar por quienes se presentan como profesionales sin serlo.

    Sin embargo, existen claves que permiten detectar lesiones, dolores o una baja condición física. En primer lugar, debemos atender al peso. Un caballo en su peso ideal no debería marcas los huesos de la cadera ni las costillas, a pesar de que a menudo se excuse este estado con un «él es así». Por el contrario, tampoco debería presentar acumulaciones o parches de grasa, aunque esta es una problemática menos habitual en el contexto de las escuelas.

    Por otro lado, y en estrecha relación con el uso de material inadecuado, el dorso de un caballo no debería presentar una apariencia angulosa o desniveles bruscos. En muchas ocasiones, se normalizan las cruces excesivamente marcadas, las columnas vertebrales con protuberancias o los dorsos con relieves irregulares. Sin embargo, estas formas no son normales; en la gran mayoría de los casos, son síntomas de carencias nutricionales, falta de musculación o procesos dolorosos crónicos.

    ¡También debemos prestar atención a la piel! En muchas ocasiones se pasa por alto, a pesar de ser un indicador determinante del bienestar. Por otro lado, los cascos son un espejo de otros muchos aspectos relacionados con la salud, desde el estrés hasta la nutrición. No solo debemos fijarnos en que los caballos de escuela tengan los cascos recortados, sino hilar más fino y observar la pressencia de líneas de estrés o el estado de las ranillas. Si estos conceptos os generan dudas, no os preocupéis; pronto os ofreceremos información detallada sobre ste tema aquí mismo.

    Los caballos pasan la mayor parte de su tiempo en condiciones de estabulación y aislamiento

    Los caballos, al igual que cualquier otro ser vivio, tienen lo que denominamos necesidades de especie. En ocasiones, estas pueden entrar en conflicto con requerimientos individuales (como en casos de lesión, agresividad o conductas de riesgo), pero por lo general constituyen las directrices básicas que debemos cumplir. Así, ofrecerles compañía, forraje de calidad y libertad de movimiento es un imperativo para asegurar su bienestar. Por desgracia, la estabulación permanente es frecuente y, a veces, inevitable, especialmente en las escuelas de equitación. Es habitual encontrar caballos y ponis que solo salen del box para ir a la pista o, en el mejor de los casos a un pequeño paddocl (lo cual es preferible a nada, pero no debería ser nuestro objetivo final).

    La libertad de movimiento y la compañía son aspectos esenciales en el manejo de la vida de nuestros caballos. No debemos pasarlos por alto a la hora de escoger una escuela de equitación, aunque esta exigencia parezca limitar nuestras opciones. Los caballos de escuela nos ofrecen toda su paciencia; lo mínimo que podemos ofrecerles a cambio es velar por su bienestar.

    Además, este beneficio es recíproco. Un caballo con libertad de movimiento y que vive en compañía será un animal mucho más equilibrado y dócil durante la monta. Temer montar a un caballo que lleva mucho tiempo sin salir no debería ser la norma, así como tampoco debería ser una preocupación cruzarse con otros ejemplares en la pista o en el campo. Los caballos son animales gregarios que necesitan el contacto con sus congéneres para mantener un estado de salud óptimo. Es comprensible que, en ocasioes, el entorno doméstico dificulte atender todas sus necesidades, pero debemos aspirar siempre al máximo bienestar posible y no conformarnos con el mínimo.

    Uso exclusivo o excesivo de riendas auxiliares aun en alumnos con poca experiencia

    Independientemente de la postura que cada uno adopte respecto a las riendas auxiliares, algo en lo que todos deberíamos coincidir es que su uso en las manos equivocadas puede ser dañino para el caballo. Si bien pueden suponer un complemento que auxilie en la consecución de un objetivo, no deben convertirse en un parche que ignore las verdaderas problemáticas y carencias, ni mucho menos transformarse en un probolema añadido. En manos inexpertas o rudas, riendas ocmo las alemanas pueden resultar agresivas, lo que deriva en una falsa sensación de éxito y termina por encapotar al animal durante el trabajo.

    Si la escuela utiliza riendas auxilñiares por norma, independientemente del nivel del alumno, lo más probable es que se estén ignorando carencias graves en la monta o en el estado físico del caballo. Este uso sistemático no solo oculta problemas de base, sino que también desatiende por completo la comodidad del animal durante el trabajo.

    Uso de la fusta o la espuela como «castigo» a través del dolor por mala conducta

    De nuevo, independientemente de nuestra postura respecto al uso de espuelas o fusta, el castigo a través del dolor debería ser una línea roja infranqueable. Poner límites de manera disciplinada y rigurosa es esencial, pues de ello depende la seguridad del jinete, del caballo y del alumno. Sin embargo, infligir dolor no necesita formar parte de este proceso. Tampoco representa, en absoluto, un entorno sano en el cual formar a niños o menores.

    Cuando surge una mala conducta durante la monta, lo más probable es que responda a dos causas: o bien el animal padece dolres, incomodidades o malestares, o bien nosotros, como jinetes, estamos ejecutando algo de forma incorrecta. El castigo ante situaciones de estrés o miedo solo incrementa dicha tensión, lo que potencia la conducta negativa o, en su defecto, genera un estado de indefensión aprendida. Las frases habituales como «te está vacilando» o «no le dejes ganar» responden a una humanización del comportamiento equino. Un caballo no comprende esos conceptos; entiende de comodidad, calma, regulación, acompañamiento, miedo o dolor. Bajo las condiciones adecuadas, la monta puede ser segura y expresiva.

    ¿Quiere decir esto que no podemos emplear castigos? No; de hecho, el entrenamiento conductual contempla el castigo dentro de su metodología. Lo que esto significa es que no debemos castigar a nuestro caballo a través del dolor.

    Y recordad; un animal al que le molesta una mosca sí siente el golpe de la fusta o el clavar de la espuela (por muy redonda que sea).

    Criminalización del miedo o las emociones del alumno

    Al elegir una escuela, no solo buscamos el bienestar de nuestro caballo, sino también el nuestro y el de las personas que apreciamos. Como en cualquier otro deporte, el ambiente competitivo puede complicar considerablemente las circunstancias de su práctica. Al tratarse de una actividad de riesgo, es natural que el miedo se sume a este complejo proceso; por ello, no debemos criminalizarlo ni huir de él. Debemos entenderlo, escucharlo y superarlo en los tiempos adecuados para avanzar de manera segura. Una escuela que ridiculiza las emociones de sus alumnos, que basa su enseñanza en gritos o en el «espabila», no ofrece un ambiente sano. ¡No permitáis que os hagan sentir peores jinetes o amazonas por sentir miedo! La única forma de superarlo es empezar por aceptarlo.

    Trato distintivo en función de las condiciones económicas del alumno

    Sabemos que la equitación puede ser, en muchas ocasiones, un deporte prohibitivo. Aunque las escuelas tienden a ser la opción más asequible, sus tarifas son cada vez más elevadas, mientras que los servicios que ofrecen tienden a precarizarse. Para más inri, el trato que reciben los alumnos suele variar considerablemente en función de su capacidad financiera para avanzar en el deporte mediante la compra de un caballo propio. Una escuela debería ser un lugar seguro y equitativo, un entorno sano donde crecer sin miedo a sentirse inferior a otros por las condiciones económicas personales.

    Si ves un trato particularmente favorecedor o preferente hacia algunos alumnos, sospecha. Y si tus sospechas se confirman, replantéate hasta qué punto es un lugar que va a apoyar tu crecimiento como persona y deportista.

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