Evidencia científica paso a paso; ¿alimentación basada en forraje, sí o no?

La alimentación de nuestros caballos acostumbra ser uno de los mayores quebraderos de abeza como propietarios o entrenadores; las necesidades indviduales y de especie no siempre son fáciles de suplir en un estado de domesticidad, y estableder el balance adecuado entre tendencias naturales y suplementos artificales no siempre es fácil.

En el post de hoy vamos a trabajar sobre 3 artículos diferentes que pretendían explorar la posibilidad de basar de manera casi exclusiva la alimentación de los caballos en forraje de calidad.

Por un lado, A forage-only diet alters the metabolic response of horses in training (A. Jansson- and J.E. Lindberg), plantea el forraje como una alternativa para el trabajo de alto rendimiento, siempre y cuando se trate de alta calidad y condensación nutricional.

Para ello realizaron un estudio con 6 caballos castrados de alrededor de 6 años bajo un entrenamiento de carreras. Todos los caballos fueron sometidos a dos dietas diferentes, una basada exclusivamente en heno de corte temprano (alta condensación nutricional) y otra basada en cereal y heno de corte tardío (menor condensación nutricional). Se realizó un estudio de cambio cruzado de 29 días por periodo. Esto significa que cada caballo probó ambas dietas, actuando como su propio control para eliminar variaciones individuales. Los resultados posteriores se midieron a través de:

  • Muestras de sangre: se midieron niveles de glucosa, insulina, lactato, pH venoso y acetato antes, durante y después del ejercicio.
  • Biopsias musculares: se tomaron muestras del músculo gluteus medius antes y después del test para analizar las reservas de glucógeno.
  • Control de peso: se monitorizó el peso corporal, el consumo de agua y la condición corporal diariamente.

Lo más interesante del estudio son los resultados relativos a la concentración de acetato (en plasma) antes y después del ejercicio, pues era más elevado en caballos cuya dienta se basaba exclusivamente en el forraje. Esto resulta de especial relevancia dado que el acetato es producto de la fermentación de la fibra, es el combustible aeróbio constante de los músculos. Demuestran, de esta manera, que un forraje adecuado puede cubrir las necesidades metabólias de caballos en entrenamiento intenso; además se observa una tendencia más alta al umbral de lactato y el pH venoso durante el ejercicio, lo que nos indica que «el forraje actúa como amortiguador contra la acumulación de ácido láctico» generalmente producida por la intensiad del ejercicio, pudiendo retrasar la fatiga.

Aunque la reserva de glucógeno se reduce, su tasa de utilización es equivalente; es decir, sucede algo paredico a lo que sucedería en caso de que los humanos consumiésemos solamente carbohidratos de digestión lenta en lugar de carbohidratos de disgestión rápida. De este modo, los picos de azúcar e insulina se mantienen también más regulados durante la ingesta y el ejercicio.

Por otro lado, este tipo de diestas, como enfatizan los autores, apoyan positivamente la función digestiva y comportamiento natural de los caballos, previniendo la aparición de cólicos, úlceras gástricas o esterotipias.

Ahora, estas conclusiones, aunque de gran relevancia, deben leerse en el contexto adecuado. Así, debemos tener en cuenta que:

  1. El tamaño de la muestra es reducido, solo se estudian 6 caballos de una displina y contexto concretos, por lo que no podemos generalizarlo con facilidad.
  2. Los caballos alimentados solo con forraje mostraron además un comportamiento selectivo a la hora de ingerir este, dejando restos de heno con menor digestibilidad.
  3. Mientras que 4 de los 6 caballos mantuvieron la condición física, 2 de ellos la redujeron ligeramente, lo que indica que necesitarían suplementación o un forraje de aun más densidad energética (esta suplementación no tiene porque aparecer en forma de pienso, puede aportarse en forma de concentrados de forraje).
  4. El período de adaptación es breve, por lo que más observaciones podrían ser realizadas en caso de alargar el estudio; del mismo modo, la recuperación de glucógeno podría estar incompleta pues el test de esfuerzo se realiza 96 horas después del último entrenamiento intenso. Esto indica que los niveles basales de glucógeno podían no estar 100% recuperados.

Invalida esto entonces las conclusiones del estudio? En absoluto, tan solo las pone en contexto. debemos incorporar la información que nos ofrece de manera crítica, adaptándolo a nuestras circunstancias y experiencias.

Otros estudios como Feeding practices associated with colic in horses se enfocaron en valorar hasta que punto la alimentación basada en forraje puede prevenir o proteger a los animales de sufrir un cólico. Sin embargo, en el caso de este estudio sí identificamos más carencias que pueden obligarnos a «coger un poco con pinzas» estos resultados. Así, su objetivo era determinar si ciertas prácticas de alimentación y manejo están asociadas al riesgo de cólico. Para ello realizaron un estudio prospectivo de casos y controles en Texas; participaron 364 caballos, 182 casos de cólico y 182 controles sanos. Se utilizó un regresión logística condicional para determinar el ratio de aumento de cólico ante determinado factor. Sin embargo las condiciones climáticas, el sesgo subjetivo de los propietarios a la hora de recordar los cambios ante un cólico y la presencia más elevada de pura sangres en el muestreo haen más complicado interpretar de manera adecuada los datos del trabajo.

Pese a esto, podemos afirmar con bastante seguridad que la inestabilidad en el manejo, estresores, cambios de dieta repentinos son los principales precursores de cólico, del mismo modo que el acceso reducido a pasto u heno.

Por último, Feeding conserved forage to horses: recent advances and recommendations (Harris et. al. 2017) realiza una revisión de los estudios y conclusiones de los últimos 20 años, con el objetivo de ofrecer una perspectiva más actualizada sobre la alimentación y gestión del forraje en caballos. Además de ofrecer perspectivas esenciales e interesantes sobre el modo de cosecha, gestión y almacenamiento del heno concluye que el límite inferior de ingesta debe ser actualizado. El mínimo absolutodebe establecerse en 12.5 g/kg por peso vivo. Además, la prevención de esterotipias y frustación está completamente relacionada a la necesidad de masticar forraje durante al menos 8 horas diarias, con una preferencia de 10 horas. reafirma, como hacía nuestro primer estudio, la posibilidad de una dieta basada en forraje de alta calidad para cumplimentar las necesidades físicas de caballos en entrenamiento intenso, en contraste con dietas ricas en grano. La calidad higiénica del heno es tan relevante como su valor nutricional, siendo un valor crítico para evitar enfermedades respiratorias crónicas.

Este estudio es una fuente bibliográfica esencial para ampliar nuestro conocimiento sobre la alimentación de nuestros caballos, y las conclusiones expuestas concuerdan con lo que la experiencia de campo y las nuevas tendencias no tradicionales proponen.

¿Qué podemos concluir entonces de la revisión de estos tres trabajos? Pues que cada vez más piezas de avidencia científica apuntan a una alimentación basada en forraje como fuente de rendimiento y salud. Esto quiere decir que el modelo de tomas de pienso con pequeñas listas de heno en estabulación constante está cada vez más obsoleto y debe ser abolido. Si bien estos estudios también demuestran que en ocasiones las necesidades individuales de nuestros caballos deben prevalecer sobre las de especie, buscar un equilibrio entre ambos es esencial. No todos nuestros caballos van a poder alimentarse solo de pasto y forraje, pues otro lado, debe enfocarse a vitaminas, minerales y superávit calórico, en lugar de piensos de composiciones dudosas y altos concentrados en azúcares o cereales en grandes cantidades.

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