Evidencia científica paso a paso. ¿Problemas de conducta o dolor?

Parte 1; anatomía 101.

Como amazonas o jinetes, a lo largo de nuestra trayectoria, es casi imposible no habernos cruzado con un caballo que manifestase problemas de conducta. La equitación tradicional, en muchas ocasiones desactualizada, tiende a atribuir los mismos a cabezonería, rebelión, o un intento de «ganar» del caballo. Independientemente de la personalización equivocada de conductas equinas, tema sobre el que profundizaremos en otros posts, la evidencia científica y la experiencia personal nos demuestra que en la mayor parte de las ocasiones la «mala» conducta es un claro síntoma de dolor.

Hoy, y en relación con nuestro último post de esta sección, vamos a enfocarnos sobre el dolor en el dorso. Para ello, realizaremos una breve y sencilla introducción a la anatomía dorsal del caballo, lo que nos permitirá, en publicaciones posteriores, analizar en mayor detalle los estudios que trabajan sobre el dolor equino.

El dorso del caballo no es una unidad aislada, sino un eje de cadena muscular y funcional complejo. El Longissimus dorsi es el motor principal, encargado de la propulsión y el multífidos proporciona la estabilidad vertebral necesaria para soportar cargas.

El longissimus forma parte de un grupo muscular categorizados como «erectores espinales», situados en ambos lados de la columna y que componen la parte principal de la musculatura dorsal. Estos músculos se «unen» a través de la cervical baja en la mitad anterior del cuerpo y a través de la pelvis en la parte posterior. Son, por lo tanto, ejes claves en la impulsión posterior del caballo:

A su vez, este grupo musculares forman parte de una cadena que permite establecer patrones de coordinación; la cadena extensora que generalmente conocemos como línea superior o topline y la cadena flexora (línea inferior o bottom line), que sostiene la columna y permite la reunión. La «cadena extensora» comienza en la parte anterior del cuerpo, de manera que el erector spinae es el motor central situado en el dorso, y termina en los músculos femorales y caudales en la parte posterior.

La cadena flexora, o bottom line, se compone de músculos localizados bajo la columna vertebral. Por un lado, músculos pectorales, serratos y subcluos que, ante la ausencia de clavícula sostienen el peso del cuerpo entre las extremidades anteriores; si están débiles el tórax se «hunde» y bloquea el dorso.

Por otro lado, los músculos abdominales, que son el pilar fundamental para el soporte vertebral; incluyen el recto abdominal, los oblicuos y el transverso. Es su contracción la que permite «redondear» el dorso, activar y flexional la lumbrosacra e impulsarse a través de los posteriores. Sin un abdominal bien trabajado no se puede sostener de manera adecuada el peso del jinete. Por último, la cadena flexora contiene también el grupo ilipsoas; se ubica bajo la columna, dentro de la propia cavidad abdominal y une las vértebras torácicas caudales y lumbares con la pelvis y el fémur.

La cadena flexora asegura, por lo tanto, la estabilidad del core; su contracción y trabajo adecuada genera un descenso del cuello y elevación del dorso.

En esta imagen podemos apreciar la contracción de la cadena flexora al galope durante la impulsión a mano izquierda:

Mientras que en la siguiente imagen podemos identificar con facilidad la contracción de la cadena extensora sobre la diagonal derecha:

No debemos olvidarnos, a la hora de valorar la anatomía dorsal del caballo, de la musculatura de la espina dorsal. Se trata de un grupo pequeño de músculos cuyo principal propósito es mantener y estabilizar las articulaciones vertebrales. Algunos de ellos son el multifidus cervicis y el multifidus dorsi; se localizan a lo largo de la espina dorsal y protegen la columna de cualquier movimiento o estímulo dañino.

Todo este complejo sistema debe estar en plena forma y buen estado de salud si queremos pedirle a nuestro caballo, no solo que cargue con nuestro peso, sino también que realice ejercicios exigentes de doma, salto o resistencia mientras lo hace. Por ello es esencial, no solo conocer y formarse en disciplinas más allá de la monta, sino tener de mano buenos profesionales que nos ayuden a cuidar de nuestros, más o menos profesionales, atletas de cuatro patas.

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