¿Cómo escoger entrenador para tu caballo?

En post anteriores hemos hablado de todo lo que debemos evitar en una escuela de equitación. Sin embargo, cuando nos profesionalizamos un poco más y comenzamos a tener caballos en propiedad, es habitual recurrir a un entrenador para ayudarnos en el proceso de monta o en la preparación para una disciplina. Como propietarios, queremos lo mejor para nuestros caballos sin descuidar nuestros objetivos deportivos, y el entrenador juega un papel esencial en este proceso, ya sea que se dedique a trabajar solo con tu caballo o a trabajar contigo como jinete o amazona.

Precisamente por la relevancia que sabemos que tiene esta figura en el proceso individual de cada binomio, hoy os traemos algunas de las claves que consideramos esenciales para identificar a la hora de escoger a un entrenador.

Predica con el ejemplo

De nada nos vale que nuestro entrenador sea un excelente divulgador en redes sociales si, cuando acudimos a su centro o contratamos sus servicios, todo aquello que comparte en stories y reels desaparece. Los resultados que esperamos en nuestros caballos deben poder verse también en los suyos; y no hablamos solo de objetivos, sino de forma física y salud. Si los caballos de tu entrenador, aquellos sobre los que él trabaja día a día, son caballos invertidos, con dolor, en mala forma física y cuyo bienestar no está cubierto adecuadamanete, cuestiona que ese sea el espacio ideal para tu caballo.

Esto no quiere decir que deba ser perfecto, pues todos sabemos que, en ocasiones, ni los mejores cuidados aseguran los mejores resultados. Los caballos son animales con patologías y necesidades individuales. Pero con X condición física o estado de salud se ha reiterado en el entorno laboral de un entrenador, no esperes que tu caballo sea la excepción.

La experiencia y formación indispensables se reflejan en la práctica

Que tu entrenador no te pida a ti o a tu caballo algo que él o ella no tiene la capacidad de realizar. Entrenar binomios, caballos, jinetes o amazonas no requiere solo de una formación teórica (que es sin embargo indispensable), sino también de una habilidad y capacidad práctica demostrables. Todas y todos podríamos, y deberíamos, formarnos y estudiar sobre biomecánica, etología y eso no nos habilita para entrenar caballos o binomios. Por difícil que sea adquirirlo, un entrenador debe contar con una experiencia demostrable.

El trabajo de pie a tierra es esencial; es la base sobre la que todo se construye, pero si pagas los servicios de un entrenador, este debe tener, aunque no sea obligatorio, la capacidad de trabajar desde arriba en caso de ser necesario. Y hacero de manera adecuada, no bajo métodos basados en el castigo, el dolor o ignorando el bienestar y la forma física del caballo.

El trato a los caballos no varía en función de quién está presente

De nuevo, es sencillo divulgar en redes sociales cuando no cumples en la realidad. Y, por desgracia, es algo que sucede con frecuencia. Pese a lo agradecida que resulta la actualización que el mundo de la equitación está experimentando, muchas veces esto nos lleva a la pretensión de la misma sin cumplirla. Es decir, podemos ver a mucha gente hablando de alimentación de calidad, de prados y de semilibertad, sin aplicarlas en el día a día. A la hora de elegir un entrenador o un club donde entrenar a nuestros caballos, es esencial asegurarnos de que todo aquello que consideramos mínimo para el bienestar de nuestros animales se cumpla.

Esto se puede materializar de muchas maneras, y cada uno tendrá que buscar la aplicación que le corresponda (ej. si los caballos están sueltos en prados, ¿están acompañados?, ¿el suelo sobre el que están habitualmente es de calidad o en invierno es todo barro?, ¿reciben visitas habituales de fisioterapeuta?, etc.) pero aunque las redes puedan ser una herramienta esencial para conocer nuevos entornos y profesionales, debe ser la realidad la que nos haga escogerlos.

Por supuesot, esto también implica asegurarnos de 2ue el trato que se proporciona a nuestros animales es el mismo, esté quien esté delante, y que en la privacidad no se utilizan métodos más agresivos ni se descargan frustraciones sobre los caballos.

Sabe delegar en otros profesionales

Un entrenador que trabajo solo que no colabora con fisioterapeutas, saddlefitters, podólogos, veterinarios, dentistas, etc…, probablemente se está saltando muchas etapas del proceso. La mayoría de las veces, corregir un problema de conducta requiere abordar el dolor o, al menos, el malestar. El profesional al que recurras debe ser consciente de ello y contar con un equipo de profesionales cercanos en el que pueda delegar.

Sabe priorizar el bienestar de tu caballo, aun sacrificando algunos objetivos

Escoge aquel entrenador que ponga por encima la transparencia, la honestidad y el bienestar de tu caballo, por encima de la satisfacción de tus objetivos deportivos. Aunque trazar esta línea desde el otro lado es complicado, pues muchas veces afrontar de manera agresiva o drástica estas cuestiones aleja al jinete o a la amazona y no se traduce en ningún beneficio para el caballo, existen unos mínimos que deben cumplirse.

El entrenador debe proporcionarte la información suficiente para que tú tomes una decisión consciente sobre su proceder; el problema llega cuando un profesional omite información para contentar a su cliente, a sus objetivos, y pone en jaque la salud del caballo y los propios valores de trabajo y entrenamiento que predica.

Se forma desde la curiosidad y la humanidad

De nada nos vale un entrenador perfecto en el presente si no se actualiza; la experiencia y la evidencia científica deben ser fuentes de construcción constantes. Un buen profesional debe estar abierto a seguir formándose, incluso corregirse, actualizar sus métodos y formas, en pro de mejorar como entrenador y cuidador.

Del mismo modo, por muy evidentes que estén sus métodos, un entrenador que habla desde la agresividad, la hostilidad o la acusación trabaja para alimentar su ego y no para formar a su entorno. Si tu entrenador te hace sentir intimidado, no ofrece espacio para las preguntas, las dudas o los errores, no está haciendo un buen trabajo.

Tanto en la formación como en la divulgación es esencial saber comunicar y recordar que ninguno hemos sido siempre ejemplos de la ética, la moral o el bienestar equino; de este modo, saber que alguien está haciendo algo mal, no nos da el derecho a acusarlo o señalarlo públicamente sin haber puesto en práctica un acercamiento pedagógico u asertivo a la situación. Evidentemente, esto no quita que existan casos en los que, como profesionales, sea responsabilidad señalar cuando percibimos que ciertos límites han sido cruzados o cuando la parte contraria se niega a realizar una escucha activa. Pese a esto, debemos valorar siempre si el ejercicio de divulgación que estamos elaborando aporta algo a nuestro público o si simplemente reafirma nuestro sistema de valores y nuestra autopercepción.

Al final, ser entrenador es un trabajo muy difícil, con muchas disciplinas a tener en cuenta: no sólo hay que entender de etología y entrenamiento ecuestre, sino también de pedagogía, del condicionamiento físico de caballos y jinetes, de la nutrición… es muy complejo, y por eso hablaremos en más detalle de esto en la próxima entrevista con Lina Cavaller y Marina de Alfonso, no os la perdáis!

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